lunes, 2 de marzo de 2026

Opio & Perestroika. Una antología poética: DELPHINE LECOMPTE

Delphine Lecompte es una poeta y novelista flamenca, nacida en Gante en 1978. Reside en Brujas y es una prolífica autora que ha publicado hasta la fecha ocho poemarios, varias novelas y libros de relatos, obras que le han valido importantes premios literarios en lengua neerlandesa.


La poesía de Delphine Lecompte se reviste de una naturaleza cruda, introspectiva y provocadora, que a menudo combina ternura y brutalidad a través de imágenes ingeniosas, juegos de palabras y elementos surrealistas y asociativos que mezclan lo mundano con lo fantástico. Su estilo es exuberante, salvaje y barroco, con un tono narrativo que evita cualquier tipo de técnica poética, desembocando en composiciones absurdas, excesivas, perversas.

© Jimmy Kets

Polémica y controvertida, su vida personal (la depresión, la difícil relación con sus padres, los internamientos psiquiátricos o sus problemas con el alcohol) le sirve para construir un impresionante cosmos poético tejido por los más bizarros personajes: apicultores incestuosos, atormentados fabricantes de jabón, jardineros pedófilos, balleneros gruñones, malhumorados criadores de galgos, místicos cultivadores de crisantemos, viejos ballesteros o madres inalcanzables, que se dan cita en una suerte de poéticos microrrelatos, protagonistas que forman un nuevo vínculo entre sí, habitando un mundo lleno de ira, locura y surrealismo, pero también de reflexión, enamoramiento y hasta consuelo, que hacen deambular al lector por poemas salvajes y oníricos. 

En palabras de Tom Lanoye, novelista, poeta, guionista y dramaturgo flamenco, Lecompte «debería recibir el Premio Nobel de Literatura dentro de diez años».

ANTONIO CRUZ ROMERO


Opio & Perestroika. Una antología poética, DELPHINE LECOMPTE 
Ravenswood Books editorial, 2026. 
Edición y traducción de Antonio Cruz Romero. 
Fotografía de cubierta: Eva M. Gómez


MI DIOS VIVE 

En una cueva Tiene bastantes linternas 
Y pan de jengibre para vivir hasta los cien años 
Su presión arterial es demasiado alta 
Pero su hígado está intacto 
Pinta con sus heces 
Ciervos protestando en mi espalda. 

Mi padre vive en una ciudad 
Con su tercera mujer que tiene reuma 
Y profesa la santidad campesina 
Cada martes por la noche beben calvados 
Con un pintor de naufragios picado de viruela 
Y la mujer japonesa de un caricaturista demente. 

En la cueva el dios se llama Koen 
Tiene bastantes cuerdas 
Para cazar animales salvajes 
O cometer estrangulamiento sexual 
Despelleja una liebre 
Y yo desuello un trocito 
Hago una pregunta La respuesta es «¡No!» 

Mi padre nunca ha sido un dios 
En sus noches de treinta años fue un paria 
Calmó con incomodidad a su hija paria 
Ella rompió sus cuerdas 
Él cortó el cepillo del tiempo
 En la despensa vacía.